Fons Calata, es decir, Fuente Invocada. Eso es lo que significa Foncalada, nombre de la bella edícula prerrománica, Patrimonio de la Humanidad, en Oviedo. Parece que se remonta al reinado de Alfonso II el Casto (759-842). Los especialistas se basan en el tipo de letra romana que figura en los sillares de la construcción.

Fue una fuente sagrada cristiana. Luego, tuvo otros usos. A partir de hoy, en la parroquia ovetense de San Isidoro el Real será usada para el asperges (aspersión al comienzo de la Misa) y para que los peregrinos del Camino de Santiago (San Isidoro el Real es una de las iglesias jacobeas de Oviedo) puedan hacer uso de ella tomándola de las pilas de agua bendita que hay a la entrada de la Iglesia.

Será bendecida en la Misa de 12,00 de este domingo con la plegaria que, según reconstrucción de los entendidos, y a partir de las palabras que se conservan, es la que se hallaba a ambos lados del arco por el que mana el agua:

«Santificada seas por la palabra de Dios, ola celeste;

santificada seas, agua hollada por las plantas de Cristo;

los montes que te ciñen no te encierran;

los escollos que te golpean no te quiebran;

extendida por las tierras, no te extingues.

Tú sostienes la tierra firme, soportas el peso de los montes, y no te hundes. 

Esparcida por todo en torno tuyo, te abarca el vértice de los cielos;

lavas todas las cosas y no eres lavada.

Endurecida en forma de hielo, tú te comprimes para el pueblo fugitivo de los hebreos. 

Por el contrario, disuelta en torbellinos salados, pierdes a los habitantes del Nilo y persigues a la tropa enemiga con un mar alborotado.

Eres única e igualmente salvación de los fieles y castigo para los culpables.

La peña golpeada por Moisés te expulsó y, aunque estabas retirada, no pudiste mantenerte oculta en las rocas, ya que saliste obligada por el mandato de la Majestad.

Transportada por las nubes, tú fecundas los campos con la grata lluvia.

Descienda, pues, sobre ti, ola celeste, la bendición de + Dios Padre Todopoderoso y de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo;

para que seas agua bendita, fuente viva, corriente santa, consagrada para utilidad de los hombres y remedio de sus cuerpos;

y alejes de todos aquellos que te beban o te usen cualquier malicia del enemigo, cualquier sombra de demonio o cualquier mal de enfermedad, por los siglos de los siglos. Amén».

En la parte superior de la fuente hay una preciosa cruz y una inscripción, que dice:

 “Por este signo es protegido el piadoso. Por este signo es vencido el enemigo”.

“Pon, Señor, el signo de la salvación en esta fuente, para que no permitas que entre el ángel golpeador”. Es una clara evocación de la noche de Pascua en Egipto, según se refiere en el libro bíblico del Éxodo.

Jorge Juan Fernández Sangrador